Respirar por la boca no es solo un hábito. Una de las cuestiones que más observamos en consulta es la respiración oral: niños que permanecen con la boca abierta, respiran por ella durante el día o duermen habitualmente sin cerrar los labios.
Respirar por la boca de manera puntual durante un resfriado o una congestión nasal no tiene por qué ser preocupante. El problema aparece cuando se convierte en la forma habitual de respirar, ya que puede afectar a la postura de los labios, la lengua y la mandíbula.
¿Cómo saber si un niño respira por la boca?
Algunos signos que pueden indicar respiración oral son:
-
Mantener la boca abierta durante el día.
-
Dormir con los labios separados.
-
Roncar con frecuencia.
-
Despertarse con la boca seca.
-
Tener los labios agrietados.
-
Presentar congestión nasal frecuente.
-
Masticar con la boca abierta.
-
Introducir la lengua entre los dientes al tragar.
-
Mostrar cansancio o irritabilidad durante el día.
Un signo aislado no confirma necesariamente un problema. Sin embargo, cuando varios de ellos se mantienen durante semanas o meses, recomiendo realizar una valoración.
Consecuencias de la respiración oral en la boca y la cara
Cuando un niño respira por la nariz, lo habitual es que mantenga los labios cerrados y la lengua apoyada suavemente en el paladar. Esta posición de reposo es importante porque la lengua participa de manera natural en el desarrollo transversal del maxilar superior.
En un niño que respira por la boca, la lengua suele permanecer baja para facilitar la entrada de aire. Los labios están separados y la mandíbula puede adoptar una posición descendida o retrasada.
Si este patrón se mantiene durante meses o años, puede asociarse con:
-
Un paladar más estrecho y elevado.
-
Falta de espacio para los dientes.
-
Mordida abierta.
-
Mordida cruzada.
-
Dientes anteriores adelantados.
-
Cambios en el crecimiento facial.
Esto no significa que todos los niños que respiren por la boca vayan a presentar las mismas alteraciones. El desarrollo depende de la causa, la intensidad del problema, el tiempo de evolución y las características individuales de cada niño.
No obstante, existe una asociación frecuente entre la respiración oral mantenida y determinadas alteraciones dentales y craneofaciales. Por eso resulta importante observar el patrón respiratorio desde los primeros años.
Cómo afecta a la deglución, la masticación y el habla
La respiración, la masticación, la deglución y el habla no funcionan de manera independiente. Todas dependen de la coordinación de la lengua, los labios, las mejillas y la mandíbula.
Por eso, junto a la respiración oral, también es posible encontrar una lengua baja o adelantada, dificultad para mantener los labios cerrados, deglución atípica, masticación poco eficaz o alteraciones en la pronunciación de determinados sonidos.
Cuando el niño necesita respirar por la boca, puede abrirla constantemente mientras mastica, comer demasiado rápido o utilizar solamente un lado.
También puede introducir la lengua entre los dientes al tragar. Esta interposición lingual puede influir en la mordida y en la pronunciación de sonidos que requieren una posición precisa de la lengua.
Respiración oral, ronquidos y problemas de sueño
Dormir con la boca abierta puede estar relacionado con ronquidos, sueño inquieto, sequedad bucal y cansancio durante el día. Los ronquidos frecuentes en la infancia no deberían considerarse normales. Roncar puntualmente durante un resfriado puede ser habitual, pero cuando sucede varias noches por semana es necesario estudiar la causa.
¿A partir de qué edad debe valorarse?
No existe una edad mínima para observar cómo respira un niño. Si mantiene la boca abierta de forma habitual, ronca, duerme mal o parece tener dificultades para respirar por la nariz, recomendamos valorarlo cuanto antes.
No debemos esperar a que hayan salido todos los dientes definitivos. Durante la infancia, los huesos de la cara y los maxilares están creciendo y existe una mayor capacidad para prevenir o corregir determinados desequilibrios.
Cómo tratamos la respiración oral en Clínica Dr. Acedo
La respiración oral puede tener diferentes causas, por lo que el tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada niño. Debemos averiguar por qué respira de esta forma y comprobar si existe alguna dificultad para utilizar correctamente la vía nasal.
En Clínica Dr. Acedo contamos con una consulta especializada en logopedia miofuncional, desde la que valoramos la respiración, la posición de la lengua y los labios, el tono de la musculatura facial, la masticación y la deglución. Trabajamos de forma coordinada entre logopedia miofuncional, odontopediatría y ortodoncia. De esta forma, podemos estudiar no solo el patrón respiratorio, sino también el paladar, la mordida, la posición de los dientes y el crecimiento de los maxilares.
Desde logopedia miofuncional trabajamos para recuperar el sellado de los labios, mejorar la posición de reposo de la lengua, equilibrar la musculatura orofacial y automatizar una respiración nasal funciona. El objetivo es modificar funciones y hábitos que el niño puede llevar repitiendo durante mucho tiempo. Por eso, la terapia se adapta a su edad y madurez y requiere la colaboración de la familia para trasladar lo aprendido en consulta a su vida diaria.
Este enfoque coordinado nos permite intervenir sobre la causa y sus posibles consecuencias. No basta con alinear los dientes si se mantiene una función que puede influir en su posición, del mismo modo que no podemos pedir a un niño que respire por la nariz cuando existe una obstrucción que se lo impide.
Cuándo pedir una valoración
Si vuestro hijo permanece habitualmente con la boca abierta, ronca, duerme con los labios separados o introduce la lengua entre los dientes al tragar, es recomendable no esperar a que se le pase solo.
En estos casos, podéis pedir cita con nuestra logopeda especializada en terapia miofuncional para realizar una valoración completa de la respiración, la posición de la lengua y los labios, la masticación, la deglución y el funcionamiento de la musculatura orofacial.
Esta valoración permite detectar si existe un patrón de respiración oral, conocer cómo puede estar afectando al desarrollo del niño y decidir si necesita tratamiento logopédico, revisión por odontopediatría u ortodoncia o derivación a otro especialista.
La respiración oral no siempre provoca alteraciones importantes, pero cuando se convierte en la forma habitual de respirar conviene estudiarla. Una intervención temprana puede ayudar a prevenir problemas y acompañar el crecimiento del niño desde un enfoque funcional, dental y respiratorio.

